La noche del domingo 5 de octubre, la noticia de que la policía municipal de Iguala puso en manos de la organización delictiva Guerreros Unidos al menos 17 estudiantes de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos, de Ayotzinapa, cimbró a sus familiares y a los habitantes del municipio de Tixtla, toda vez que dicha tragedia se sumaba al artero asesinato de los estudiantes Daniel Solís Gallardo, originario de Zihuatanejo; de Julio César Mondragón, de la ciudad de México y Aldo Gutiérrez Solano, de Ayutla, cometido el viernes 26 de septiembre.
Rostros adustos, aunque todavía con un dejo de esperanza, repentinamente liberaron con torrentes de lágrimas el dolor que habían contenido durante nueve días. El dolor se palpaba en cada centímetro de la cancha techada que desde el día 26 había servido de albergue a los padres de familia de los 43 jóvenes desaparecidos.
Las esperanzas que doña Catita tenía de ver con vida a su nieto se desplomaron repentinamente y, agarrándose el pecho, sollozó: “Mi niño tenía muchas ganas de superarse; no le hacía daño a nadie, era alegre y juguetón. Yo lo quiero ver”, alcanzó a decir, pero dolor le impidió seguir hablando.
Un ex alumno de la Escuela Normal Rural Luis Villarreal, que en julio de 2008 dejó de funcionar en la comunidad El Mexe, Hidalgo, expresó su convicción de que lo ocurrido en la Normal de Ayotzinapa está encaminado a cumplir el proyecto gubernamental de cerrar las 16 normales rurales que existen en el país…
“Es el mismo método que se utilizó hace seis años en Hidalgo”, dijo el egresado.
Calificó de criminal la forma como el Estado quiere deshacerse de este tipo de instituciones, y de atentatoria para el pueblo de México la desaparición de escuelas que han de gran beneficio para los hijos de indígenas y de campesinos que están ávidos de prepararse académicamente.
Sin embargo, el egresado de El Mexe dijo entender que “las normales rurales no le convienen al gobierno porque tienen un enfoque socialista”, pero exhortó a los jóvenes de Ayotzinapa a continuar luchando de pie en la defensa de su normal, no caer en las provocaciones del gobierno y lograr .
La versión del maestro coincidió Javier Abarca, egresado de la Normal de Ayotzinapa y dirigente de un grupo de maestros jubilados y pensionados de Acapulco, quien acudió a llevar un apoyo económico recabado a través de distintas actividades.
Abarca recordó que en 2007 el gobierno del también perredista de Zeferino Torreblanca Galindo intentó infructuosamente reformar la organización institucional con el argumento baladí que no había dinero para seguir sosteniendo el internado y con el propósito final de desaparecer la normal.
Pero los estudiantes se movilizaron y tras arduas jornadas de lucha lograron que la Secretaría de Educación de Guerrero desistiera de dichas reformas.
“Siempre hemos sido perseguidos, pero en esta ocasión las cosas se salieron de control. ¡No se vale masacrar a jóvenes que iban desarmados! ¡Ojalá regresen con vida”, exclamó Abarca, quien asimismo, evocó otros actos de represión gubernamental contra la Normal de Azotzinapa.
Entre otros, citó el desalojo violento de la Autopista del Sol, a la altura del Parador del Marqués, del 12 de diciembre de 2011, en el que perdieron la vida los estudiantes Jorge Alexis Herrera Pino y Gabriel Echeverría de Jesús.